lunes, 18 de julio de 2016

CUENTOS DE ABISHINKY - VAVIOL











VAVIOL 2 Los animales hablan.

 LA ENTRADA
La primera vez que Vaviol estuvo en el árbol de las tierras altas, fue con Abishinky, en la tierra de los artesanos, ahora venia acompañada por otros amigos. Primero, el mago blanco seguido por el pequeño duende, penetraron un poco deslumbrados en la tierra alta, detrás y agachándose un poco lo hizo la bella Vaviol. Tuvo que entornar los ojos por la luz del medio día que la ilumino, acariciándola y dándola una apariencia etérea y delicada. Se estiró y recompuso su figura. 
Su ropaje cambió de color y de grosor, adecuándose al clima que en ese momento había en la primera tierra.Ya hacia tiempo que no visitaba la tierra de los animales que hablan y que se entienden. Todos los visitantes que venían de la tierra baja podían comunicarse con cualquiera de ellos y a veces convertirse en uno mas de los felices compañeros de los habitantes de ese paraíso en el que vivían casi en paz todos los seres que alli estaban.
Su elegante caminar la alejó del árbol que le había abierto una puerta para entrar en esa tierra. Un ruido profundo la hizo pararse y volverse a mirarlo. Era un árbol espectacular, le recordaba a los arboles de madera moldeable y tejado de pradera de la tierra de los duendecillos. Vio como la puerta por la que había entrado se iba cerrando hasta apagarse y observo como aquel gigante se hacia mas pequeño, mientras se alejaba hasta la fuente, en cuyo estanque vivan los peces luciérnaga, que servían para iluminar las casas por la noche, metidos en aquellos frascos de cristal donde nadaban felices cambiando de color y de intensidad a voluntad de los moradores. También los usaban para la iluminación de los caminos y de las calles de las pequeñas aldeas y de los carruajes, tirados por animales que se sentían útiles en esa sociedad imposible.
Se giró para seguir su camino y casi se choca con un caballo de color lila.
-Perdón.
Dijo el caballo.
-Perdoname tu. No te había visto.
Dijo Vaviol.
-Quieres que te lleve a algún sitio, soy el señor Lila.
Dijo el caballo.
Vaviol no quiso ser descortés y aceptó.
-Nunca te había visto señor Lila.
-Yo a ti tampoco, pero se quien eres, Vaviol.
-A tu padre y a tu abuelo ya les presté varias veces mis servicios.
Mientras decía esto, se arrodilló generoso.
La joven Vaviol se sentó a horcajadas, toda contenta. Otras veces la habían llevado en preciosos carruajes tirados por excéntricos animales, pero el cambio la agradaba. Ese contacto directo al ritmo del trote del caballo la apetecía y eso la turbo un poco.
-Donde quieres que te lleve?
Dijo el señor Lila.
-Quiero ir a la casa del señor Pingado.
El señor Pingado era un fabricante de pinturas muy especiales. En su establecimiento se podían comprar todo tipo de pinturas, por raras que estas fuesen,  también se podía encargar cualquier otra cosa, a gusto de cada uno.
Él con cualquier material elaboraba cualquier pintura. Las tenia de todos los colores. Algunas se cambiaban según el humor del cliente. A otras, después de recoger aromas del bosque las ponía pequeños toques de perfume. Así las tenia con olor a gardenias, azucenas, rosas, melocotones, suspiros de amor, sonrisas de niños, abrazos de amigos, caricias de madre y tantos otros.
Una vez que el hijo mayor del señor Pingado estaba melancólico, le pintó su habitación con un tinte suave celeste y un poco tostado, con olor a brisa marina sin nubes, que le puso muy contento.
El establecimiento estaba situado en los bajos de una casita de ladrillos con tejado de paja, que a veces cambiaban de tono y otras de color. En el frente y al lado derecho había una amplia cristalera que dejaba ver un escaparate lleno de tarros de cristal de diferentes tamaños y colores. También tenia herramientas, utensilios y escaleras.

En el lado izquierdo estaba la puerta. Encima, estaba la vivienda y alli vivía con su mujer y sus dos hijos gemelos.
-Señor Lila, te puedes ir, tengo que encargar unas pinturas y tardare un poco".
-Muy bien Vaviol, cuando termines, si quieres, aquí estaré.

Se apeó del caballo y al acercarse a la puerta, esta desapareció, facilitando la entrada.

-Hola Vaviol, cuanto tiempo.
-Que tal señor Pingado, ya tenia ganas de venir, pero la otra luna llegue tarde a la puerta del árbol de las tierras altas y ya se había cerrado".

Continuara…

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