LOS PONETTA 3
El pueblo
Es día de feria en Pesqueira.
La plaza porticada está llena de feriantes y de gente de todas las aldeas vecinas que vienen a comprar y a vender, todos están contentos. Hace un día maravilloso.
Los niños juegan en medio de la plaza ajenos al trasiego de productos y de ganado. En un lateral cuatro amigas están jugando felices, hoy no ha habido colegio.
En ese momento aparece por debajo del arco de piedra, la vieja calva, nadie la había visto desde hacía mucho tiempo. Su apariencia era la misma, movía el pañuelo desteñido adelantándolo y retrasándolo, enseñando la calva sucia y costrosa. Las niñas siguen jugando y una al dar la vuelta se cae y enseña las braguitas, provocando que sus amiguitas se rieran con todos los dientes.
La vieja careca se para en seco, se gira un poco, da un paso hacia ellas, que aun no la habían visto y enfrentándose a la que parecía la mayor, la dijo con voz clara:
-Tu, que te has reído de mi, ten cuidado contigo y con alguien que vendrá por el mar y subirá por el río, sufrirás y pagarás toda la vida, descarada.
Las cuatro amigas se quedaron mirando a la vieja y esta se dio la vuelta, abrió un poco las piernas, se subió un poco los faldones, y se orinó allí mismo. Ellas salieron corriendo asustadas, cada una a su casa y nunca volvieron a hablar de aquel percance.
Han pasado algunos años mas.
Nuestra amiga que había sido amenazada por la vieja, había crecido y se había convertido en una bella mujer. Todo el mundo la quería, era alegre y animosa. Los hombres la miraban, pero ninguno se atrevía a mayores proezas.
Era día de feria.
La vendimia estaba terminando y la gente tenía dinero fresquito. Además la construcción del camino de hierro, había traído mucho progreso a Pesqueira y al negocio de su padre, que tenía una casa de comidas.
Por eso ella había madrugado para comprar cosas para el negocio familiar. Ya tenía casi terminada la compra y la cesta casi llena.
Oyó una voz por detrás.
-Señorita quiere que la ayude?
Ella volvió la cabeza y le vio. La primera impresión, fue buena. No era del pueblo. Era un poco mayor que ella y se le veía bien vestido y limpio. Sonreía con toda la boca, mientras acercaba la mano hasta la cesta, agarrándola y arrebatándosela. Ella hizo un pequeño mohín de desagrado, pero no pudo evitar una sonrisa.
Se presentó el joven.
Ella se puso roja, como los tomates que iban en la cesta, pero enseguida recuperó el aplomo y contestó...
-Yo soy Beatriz.
El tiempo se detuvo y los dos se dieron cuenta que habían llegado al sitio deseado. Por un segundo vieron que el futuro era de ellos, de los dos juntos. El tiempo avanzo un poco mas y ya eran novios.
El padre de Oscar había emigrado desde Venecia con su mujer y el pequeño Oscar y ahora trabajaba en unos astilleros de Oporto, construyendo rabelos, unos barcos parecidos a las góndolas, pero mas grandes.
Nuestro amigo cuando terminó los estudios, aceptó una oferta de trabajo en la construcción del ferrocarril, pues quería conocer las tierras donde se hacían los mejores vinos de Oporto y así fue subiendo río arriba según avanzaban las obras y si se cansase siempre podría volver al mar por el río, montado en un tren. Y así fue, subiendo por el río conoció pueblos maravillosos, El Peso da Régua, Pinhâo, Túa. En aquel momento estaba en Ferradosa y era feria en Pesqueira. Así fue como conoció a Beatriz.
Y allí se quedó, no quiso seguir río arriba.....Y formaron una familia y fueron muy felices.
Pero….
Siempre tiene que haber algún pero.

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