martes, 5 de julio de 2016

BRASIL


BRASIL


1

….yo, oía tan bien, quien me ha visto y quien me ve, le veo mover los labios, pero no escucho nada de lo que dice, solo pitidos en los oídos, tuve una vida tan bonita, mi hijo, que era tan mi amigo, murió, com 61 años. Mi cabeza, ya no da para nada, me recuerdo de mi padre y de mi madre, y solo tengo ganas de llorar. 95 años tengo, toda  la vida trabajando.
Hoy tengo un  mal día, casi no me he podido levantar de la cama, no he dormido en toda la noche, mi difunta madre, que últimamente me visita, para  darme un beso de buenas noches, no ha venido y mi padre que falleció hace 42 años, viene mientras duermo, se sienta en la esquina de la cama y me mira, pero no mueve los labios.
Oigo un murmullo de risas de niños y me pongo triste, mi madre llama a Luisa, que es mi hermana pequeña y luego oigo mi nombre y pienso en mi padre los domingos, ya había viajado  por medio mundo y ese día se vestía de rigor, con lazo sobre el cuello de su camisa blanca, siempre negro, como su americana, cuando oí que había venido con una americana negra, pensé que después de cinco años fuera, igual traía un hermanito preto, luego nos reiríamos los dos de aquella imaginación mía. Ahora escucho mi nombre con fuerza.
-Ricardo, sal a buscar a tu padre, date prisa, corre! Ricardo, corre!.
 Los pasos en la escalera retumban  con aquel estruendo que tanto irritaba a mi madre.
-Voy a por la bengala de papa. 
Se abre la puerta bruscamente y alli  aparece un niño del que casi no me acuerdo, se parece, pero también he perdido vista y no estoy seguro, me incorporo un poco en la cama, el me mira, sonríe, me hace una mueca, coge el bastón y baja como yo solía, a saltos.
-Vamos Luisita, que esta llegando el tren.
-Id con cuidado.
Escucho desde lejos el repetido consejo de mi querida madre.
A lo lejos el humo y el ruido del tren al entrar en la estación, llena de animación; la calle repleta de familias con niños, el quiosco de las golosinas abierto, el café, las pastelería, el carrito de las castañas asadas, los taxis esperando la aparición de los clientes, algunos carros con burros y mulas de tiro, en la zona de mercancías, los mozos con aquellos carritos de mano llevando raudamente los bultos y aquellas maletas forradas de tela o atadas y con etiquetas  con miles de cosas y tesoros ocultos de vete a saber que territorios lejanos.
….Y alli apareció radiante, con un sombrero en la mano vestido con su americana negra y su lazo oscuro, con aquella sonrisa que tan felices nos ponía, nos hizo una venia y descendió, como los artistas del cine, eso era lo que el parecía, un Burt Lancaster.
Abrió los brazos y una joven preciosa del anden, dio unos pasos y le abrazo, el cortésmente correspondió, pero sus ojos en mis ojos, me decían otra cosa, avancé, ayude, a la moza a separarse y salté a la misma altura de su abrazo, cara con cara, su fuerza me dejó casi sin respiración, su olor a America me perturbó, me separe un poco y mi hermanita, con lagrimas en los ojos, conoció por fin a nuestro padre.


2

….entre sueños oigo las palabras del medico…..
-No se queje, don Ricardo, a sus edad, está, pero que muy bien, siga mis consejos, que aun tiene muchas cosas que ver y que vivir, de acuerdo que tiene toda la vida por detrás, pero anímese, no mate esa esperanza, que siempre le ha acompañado y déjese llevar por los días, uno de cada vez, sin angustias, nosotros cuidaremos de usted, con cariño, usted fue lo mejor que nos paso y le queremos todos…..
El sonido amortiguado, escaleras abajo, alejándose,  y la puerta de la calle al cerrarse de un portazo, me hizo recordar a mi  medico….y a mi mismo. Mis recuerdos me reconfortan intentando poner nombre a las caras de todas las personas que conocí, a las que ame y a las que perdí y vuelvo, siempre vuelvo a transitar por el miedo y la decrepitud que me abraza el cuerpo, el alma  y vuelvo  a revivir y me solazo con mis antiguas ilusiones, cuando yo era sensible a las sonrisas y a los roces y a las caras alegres, a las promesas de amor y de sexo, cuando compartir tantas sensibilidades, era un camino habitual, a media luz, los silencios y la música, los olores de los cuerpos, los abrazos y los quejidos……y en eso estoy, que ni tristeza queda, en las visitas muertas, de aquellos recuerdos, que me impiden cerrar la puerta. Y  llevo un dolor en el animo, que ni dormir me deja, en los últimos días de este viaje maravilloso, que ha sido mi vida.
-Ricardo…Ricardo, levántate
 Aquel despertar, me irrito, que era aquello de levantarme? me di una vuelta dentro de la cama, como si fuera una croqueta , dispuesto a ir al infierno, pero la rutina me consiguió despertar.
-Ya voy, me estoy levantando.
Mientras decía esto me estaba arrebujando entre las sabanas y empezaba a dormirme otra vez, pero aquel cañonazo  dentro de mis orejas, me hizo dar un salto.
-Me has oído?.
-Me rindo.
Con 7 años es difícil y fácil cualquier rendición. 
Pero a esa edad, uno apenas sabe que esta vivo y que la inmortalidad, es una cosa que aun no hemos descubierto, pero que acabara por visitarnos y llenarnos de dudas, ofreciéndonos a cambio una vida larga e incierta.                   
                                                                ——————

3

Mi padre fue rotundo y la comida del domingo, deliciosa, encima me dejaba comer, usando solo las manos, como el había tenido que hacer en su primer viaje a Brasil. Pero fue solo un par de meses o tres.
-La obra de la casa se va a hacer.
Un pequeño golpe en la mesa reafirmo sus palabras, después, cogío el vaso de vino, dío un trago y se limpió el bigote con la servilleta de hilo blanco, ya amarillento, de aquella mantelería, que mi padre le había traído a mi madre de Lisboa, a la vuelta de su primer viaje. Mi hermana aun no había nacido, pero ese retorno fue muy fructífero en todos los sentidos, reformaron la casa añadiendo una planta mas  y pusieron agua corriente y electricidad, una locura de obra que duro 8 meses de duro trabajo, pero que al final ves la casa y sigue tan preciosa como la sonrisa de mi querida madre. Justo a los ocho meses, mi madre y yo fuimos a despedir a la estación a mi padre, que tenia que volver a Brasil, el barco esperaba en Lisboa.
Mi madre me cogío de la mano y los dos como en un sueño regresamos a la casa nueva y deslumbrante, aun faltaba un mes largo para el nacimiento de mi hermana.
-Ricardo, despierta y ve corriendo a casa de doña Nicolasa y dila que ya estoy pronta, que venga.
Salí corriendo como la locomotora, cuando llega a la recta, en un pis.pas, estaba golpeando con la aldaba en  aquella preciosa puerta de madera de árbol…
-Doña Nico!…Doña Nico, soy Ricardo y he roto aguas, mi madre ha roto aguas.
 Entonces me dio la risa, que digo que le pones a una niña Nicolasa y luego la llamas Nico, la luz del piso de arriba se encendió y a mi o por la postura del cuello o por la risa, me dio una tos que casi me caigo al suelo.
-Ya voy, querido.
Doña Nico decía a todos querido o querida, según, y a mi me gustaba, yo ya apuntaba maneras.
 Yo casi no me acuerdo del día que nací, iban a inaugurar la estación de ferrocarril y según me dicen, doña Nico,  por aquel entonces no salía de nuestra casa, luego, cuando nací,  a los pocos días, no se que paso, pero dejo de venir y mi padre y mi madre discutían, pero yo no entendía nada, porque digo yo, si los tres se querían, pues eso.

4

….había días que los olores de la estación se adueñaban de nuestra casa, esos días los pitidos de los trenes se oían mas fuertes y así fui creciendo con aquellas rutinas que me hicieron amar aquellas maquinas increíbles, que vivían detrás de mi casa. Después, las mujeres se perdonaron y en lo viajes de mi padre todo volvía a ser alegre, vamos que doña Nico, era como de la familia, luego cuando volvía de aquellos lugares lejanos, la amiga de mi madre y mía, desaparecía casi, pero yo no podía hablar de ello con mi padre, era un secreto.
Ahora que los secretos y la vida se ha ido diluyendo día a día, no tengo nada que contar a nadie, mis sonrisas reposan en un vaso grande, lleno de agua que tengo guardado en la mesilla de noche, en la repisa, encima del orinal de porcelana que tiene una herida de guerra, vamos, un desconchón, la historia realmente ocurrió cuando yo tenia unos diez años, me da un poco de vergüenza, pero es la verdad, yo me hacia pis en la cama todos los días y digo todos y aquella nefasta mañana, yo tenia anginas a algo parecido, el orinal estaba casi lleno debajo de la cama, entre sueños escuché….entre doctor, fue oír esto y saltar de la cama para esconder el orinal en la mesilla de noche, la urgencia y el desequilibrio hicieron el resto, el orinal golpeo con fuerza contra el travesaño de la cama que era de hierro, la mitad del contenido se desparramo por la alfombra , la mesita de noche y mi pijama, vamos un desastre, …pase, pase. 
-Pero que haces sentado en el suelo y todo mojado.
 Me dijo mi querida madre.
Yo quería desaparecer, pero mi madre que se dio cuenta, intentó seguir con la visita del medico.
-Yo le veo bien, se ve que ha sudado un poco, continuo socarrón, pero dos días de reposo y como nuevo.
Dijo el medico con una medio sonrisa, luego me guiño el ojo izquierdo y huyo de mi dormitorio, fueron dos minutos de silencio, solo roto por aquel pequeño ruido de la herida del orinal, fue automático, desde ese día deje de mearme en la cama, pero el medico cada vez que me veía, me guiñaba el ojo izquierdo, pero no me tocaba.
….y continúo, llegamos a casa donde había dejado a mi madre, que había roto aguas, cosa que aun no se del todo, como es y nada mas entrar, el alarido que oí, me puso los pelos de punta, entre corriendo temiéndome lo peor y zas, alli estaba mi madre sonriendo, recostada en la cama y con un bebe entre los brazos, que berreaba como un niño recién nacido, era el primero que yo veía, a bote pronto, que se dice y luego una desilusión muy grande, había sido niña y pasaron unos días y a mi me costo perdonarla, pero doña Nico un día, mientras mi madre la daba de mamar, me dijo, ella es tu hermanita linda, ella no tiene la culpa de ser niña y cuando sea mayor, te traerá muchos amigos y amigas, en ese momento comprendí que era mas rentable aceptarla….

…..Ahora que ya no esta, su ausencia es como un desgarro, todos los días sufro, a veces la oigo cantar aquellas canciones cursis de la escuela, la siento detrás mío, jugando a los peluqueros con el poco pelo que me queda, la veo vestida con aquel traje de comunión, me escucho, contándola cuentos y me descubro llorando cuando estaba enferma, riendo felices con mi padre y con mi madre, en la mesa, llorando terriblemente solos, con la perdida de nuestro padre, llorando de alegría el día de su boda, Risas y lagrimas, siempre presentes en mis recuerdos.

Continuara...o no.



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