LA SILLA
Esta es una historia un poco triste que ocurrió en Portugal, hace muchos años, en una época en la cual, la tristeza y la desesperanza andaban de manos dadas.
Desde Arganil, un pueblecito precioso al pie de la sierra de La Estrella, un joven matrimonio miraba con pena la nieve, que en lo alto de la sierra iluminaba con los reflejos del sol, las penurias de aquellas Navidades.
Bruno que no había querido ir a morir a Europa en aquella horrible carnicería, de la 1ª gran guerra, que tantos millones de hombres costo y que devoro en un santiamén a muchos de sus jóvenes amigos voluntarios, aun no se había recobrado de aquella punzada que le retorcía las entrañas, por haberlos dejado ir solos.
Y no estaba contento, ni con lo pasado ni con su futuro.
Cuando les comunico la invitación para ir a Angola, que había recibido. Su padre y su mujer, Sara, se negaron en redondo.
-Solo serán dos años.
Dijo Bruno.
-Y después retorno y podemos montar la serrería y la carpintería, con las maquinas necesarias.
Dijo Bruno.
-Y después retorno y podemos montar la serrería y la carpintería, con las maquinas necesarias.
-Mientras mi padre seguirá con el taller actual, y el tiempo pasara rápido.
Los ojos de Sara brillaban y con voz temblorosa y mirándole con tristeza le dijo:
-Es que tengo miedo, Angola esta muy lejos y hay muchos peligros.
-Es que tengo miedo, Angola esta muy lejos y hay muchos peligros.
-Luego tendremos toda la vida por delante.
Terminó Bruno.
Terminó Bruno.
Bruno y la joven Sara tenían un hijo de seis meses, y en esos tiempos difíciles la emigración despoblaba muchos pueblos de la metrópolis y también de Arganil y de las Beiras, el futuro se llamaba Africa, Brasil, Europa.
Y así fue, el joven Bruno partió de Lisboa en un barco lleno de emigrantes y de soldados, rumbo a Angola.
Allí trabajo en serrerías en plena selva y de vez en cuando mandaba noticias y dinero.
Después se traslado a Mozambique y mas tarde a Sudan.
Llevaba sin tener noticias y sin mandarlas casi tres años.
Había cogido malaria en Sudan, y decidió regresar a Angola.
Cuando llego a Lubango, lo primero que hizo fue ir a casa de su amigo y compadre Herculano.
Allí tendría que tener noticias de su familia... llamo a la puerta y su amigo en persona le abrió. Un abrazo y unas palmadas en la espalda.
-Pasa, cuanto tiempo sin saber de ti, temía lo peor.
Bruno noto cierta frialdad en su amigo, y le pregunto:
-Te pasa algo?
-Te pasa algo?
Herculano le indico un sillón y le dijo:
-Siéntate.
-Siéntate.
Fue al escritorio y saco una carta del cajón que entregó a Bruno.
La carta tenia un ribete negro, que enmarcaba el sobre
Tuvo un mal presentimiento.
Rasgo nervioso el sobre pensando que su querido padre podría haber muerto, pero no. La letra era suya.
Empezó a leer y los ojos se le fueron llenando de lágrimas.
Su padre le decía en la carta que su mujer, nada mas partir él, empezó a sentirse mal, se puso muy triste, lloraba todo el día y toda la noche, adelgazo mucho, casi no comía, y luego, poco a poco y gracias al hijo y a las cartas que recibía de Bruno fue recuperándose.
Pero cuando tu llevabas mas de un año mas de un año en Angola y le llego tu ultima carta, en la que le decías que marchabas para Mozambique, con otra empresa maderera, volvió a enfermar, triste, llorosa, y cuando llego la Navidad y se cumplían dos años de tu marcha en el barco, nuestra querida Sara murió, llamándote, ! Bruno!, !Bruno!.
Su amigo Herculano le puso una mano en el hombro y le tendió un pañuelo.
Le dejo solo, y el se quedo llorando, como un niño, largo tiempo, después regreso con dos copas y una botella de Oporto.
-Te escribí varias veces, a Mozambique y a Sudan, pero me devolvieron las cartas.
-Supe de la perdida de tu mujer por unos amigos de tu padre.
Bruno dio un sorbo de la copa, se puso en pie, miro a los ojos de su amigo y dijo:
-No tengo perdón. He perdido lo que mas quería en la vida, mi mujer. No he visto crecer a mi hijo, que ni siquiera me conoce y llevo tanto tiempo sin ver a mi padre.
-No tengo perdón. He perdido lo que mas quería en la vida, mi mujer. No he visto crecer a mi hijo, que ni siquiera me conoce y llevo tanto tiempo sin ver a mi padre.
-No merece la pena el sacrificio.
-Que vas a hacer?
-No se, pero voy a liquidar todo lo que tengo aquí y me voy lo antes posible.
Así fue, lo vendió todo, el aserradero y el almacén de maderas, que tanto le había costado conseguir.Vendió todo menos unas piezas de madera de diferentes arboles de todos los países donde había estado trabajando. Los empaqueto y los metió en un baúl con sus cosas... y se embarcó de regreso a Portugal.
Y aquí monto su empresa, con su padre, y luego conmigo, y siendo joven cuando le veía triste, le pedía que me contase la historia de la silla, y el se ponía alegre.
Erase un hombre que viajo a Africa para buscar las maderas mas preciosas para hacer a su hijo la silla mas especial del mundo.
En ella se podría sentar a descansar, a comer, a leer, a soñar.
Desde esa silla podría viajar a todos los sitios donde estuvo su padre.
Pero sin sufrimientos, sin dejar a la familia, ni a su tierra.
Su padre fue emigrante, él, si podía conocería el mundo de visita, o desde la silla.
Su padre fue emigrante, él, si podía conocería el mundo de visita, o desde la silla.

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